Miércoles 10/08/08. El mediodía es la hora pactada para el almuerzo. Punto de encuentro: La Banca (de Z). Nos encontrábamos reunidos después de mucho tiempo Oso, Chupete, Potter, Lucho, Yaré, Macho Alfa[1], Mario y el recién reincorporado a nuestras filas, Edu. Almorzamos como en los viejos tiempos, como los buenos amigos que alguna vez fuimos, como los buenos amigos que seremos para siempre sin importar qué.
La sobremesa se centró en hallar una actividad de entretenimiento que resultó ser ir a jugar Counter. Yo no se ni mierda de eso, pero con tal de vernos nuevamente hablando estupideces y gritándonos insultos, acepté.
Éramos 9 personas caminando hacia Plaza en busca de cabinas para satisfacer el deseo casi orgásmico de matar gente (aunque solo sea virtualmente). La hora transcurrió en un abrir y cerrar de ojos así que teníamos que pensar algo que hacer. Ya que lo que iba a ocurrir era algo “inminente, y necesario” Chupete y Yaré tuvieron que volver a la universidad porque tenían clases, no los detuvimos (aunque lo intentamos).
El reencuentro en nosotros no podía ser de otra forma, así que no se hicieron esperar “dos serpentinas bien helenas al polo campos”, Una vez finiquitadas, regresamos a pie a la universidad como una horda salvaje mientras Lucho partía rumbo a su casa con la fiel promesa de regresar más tarde.
Ya en Kto, Mario, Macho Alfa, Potter y Edu, fueron a tramitar un documento del primero. Oso y yo nos quedamos esperando en el paradero a un amigo mió: Macro. Al promediar las 5pm, los 3 tomábamos un berraco[2] sentados en la vereda esperando a los demás.
Minutos más tarde, solo vimos llegar a Mario y Edu. En medio de algunos berracos más la gente empezó a aparecer de nuevo. Macho Alfa y Potter habían vuelto. Después de 5 o 6 berracos Potter empezó a narrarnos el esperado encuentro Perú – Argentina desde su celular. “Ya están saliendo”, dijo.
Al promediar los primeros 15 minutos del partido Lucho había cumplido su promesa, había vuelto. Al cagarnos de frío en la calle decidimos entrar al taco para ver el partido. Solo estaban la dueña del mismo y su joven ayudante. La tía, el broder, Oso, Lucho, Potter, Mario, Macho Alfa, Macro, Edu y yo seguíamos minuto a minuto el encuentro (bueno, unos más que otros).
Potter hizo lo suyo y con su global net instalado en el orto sacó cervezas. Las chelas iban y venían, los abrazos, los cánticos, las lágrimas, las bromas, y hasta los 3 hurras por el Macho Alfa se vieron minimizados cuando Argentina nos metió un gol.
Antes del gol, tomábamos por ilusión, después del gol, por decepción. Ya habían transcurrido 90 minutos del encuentro, y cuando ya todo parecía perdido pasó lo impensable. Fano nos salvó el culo y nos devolvió la ilusión perdida minutos atrás.
La sobremesa se centró en hallar una actividad de entretenimiento que resultó ser ir a jugar Counter. Yo no se ni mierda de eso, pero con tal de vernos nuevamente hablando estupideces y gritándonos insultos, acepté.
Éramos 9 personas caminando hacia Plaza en busca de cabinas para satisfacer el deseo casi orgásmico de matar gente (aunque solo sea virtualmente). La hora transcurrió en un abrir y cerrar de ojos así que teníamos que pensar algo que hacer. Ya que lo que iba a ocurrir era algo “inminente, y necesario” Chupete y Yaré tuvieron que volver a la universidad porque tenían clases, no los detuvimos (aunque lo intentamos).
El reencuentro en nosotros no podía ser de otra forma, así que no se hicieron esperar “dos serpentinas bien helenas al polo campos”, Una vez finiquitadas, regresamos a pie a la universidad como una horda salvaje mientras Lucho partía rumbo a su casa con la fiel promesa de regresar más tarde.
Ya en Kto, Mario, Macho Alfa, Potter y Edu, fueron a tramitar un documento del primero. Oso y yo nos quedamos esperando en el paradero a un amigo mió: Macro. Al promediar las 5pm, los 3 tomábamos un berraco[2] sentados en la vereda esperando a los demás.
Minutos más tarde, solo vimos llegar a Mario y Edu. En medio de algunos berracos más la gente empezó a aparecer de nuevo. Macho Alfa y Potter habían vuelto. Después de 5 o 6 berracos Potter empezó a narrarnos el esperado encuentro Perú – Argentina desde su celular. “Ya están saliendo”, dijo.
Al promediar los primeros 15 minutos del partido Lucho había cumplido su promesa, había vuelto. Al cagarnos de frío en la calle decidimos entrar al taco para ver el partido. Solo estaban la dueña del mismo y su joven ayudante. La tía, el broder, Oso, Lucho, Potter, Mario, Macho Alfa, Macro, Edu y yo seguíamos minuto a minuto el encuentro (bueno, unos más que otros).
Potter hizo lo suyo y con su global net instalado en el orto sacó cervezas. Las chelas iban y venían, los abrazos, los cánticos, las lágrimas, las bromas, y hasta los 3 hurras por el Macho Alfa se vieron minimizados cuando Argentina nos metió un gol.
Antes del gol, tomábamos por ilusión, después del gol, por decepción. Ya habían transcurrido 90 minutos del encuentro, y cuando ya todo parecía perdido pasó lo impensable. Fano nos salvó el culo y nos devolvió la ilusión perdida minutos atrás.
Mi alegría fue tanta que en lugar de abrazar a alguno de mis ebrios amigos, salté y abracé a la dueña del taco. “Gol carajo!!.. Seño.. gol mierda!!”. La señora presa de la confusión me respondió con un efusivo abrazo. Todos nos abrazamos, y la seño pasó por los brazos de los 9 hombres ahí presentes
Era más de la media noche, el partido había terminado, la cerveza también y la seño parecía haber olvidado el abrazo dado minutos atrás pues nos dijo “Ya vamos a cerrar, vayan saliendo”. Salimos del local, pero no importaba, aún estábamos todos juntos y no íbamos a desperdiciar el momento diciéndonos simplemente “Hablamos mañana mierda”.
Los 8 decidimos fijar rumbo hacia La Marina. En el camino la cosa intentó ponerse vandalista, pero al no poder romper ni un periódico, decidimos abortar la misión. Sin darnos cuenta, todos corríamos saltando y cantando presas de la adrenalina “Poropopo, poropopo, el q no salta es argentino maricón”.
Los autos transitaban La Universitaria y nosotros, aprovechando cada semáforo en rojo gritábamos a los conductores “UNO – UNO HUEVÓN, UNO – UNO BRODER!!”. Poco después, casi entrando a Plaza, un auto rojo pasó a toda velocidad, la copiloto sacó medio cuerpo por su ventana cantando con nosotros el Poropopo, mientras el piloto claxeaba intentando dar la percusión necesaria para mantener viva nuestra efusividad.
Ya por Wong, seguíamos gritando a quien se cruzara en nuestro camino “UNO – UNO BRODER!!. Metros mas adelante se hallaba una pareja, al parecer discutiendo, y Oso, fuera de sí, se acercó a ellos gritándole al sujeto, “HABLA BRODER, UNO – UNO”.
El tono de su frase, formulada más en pregunta que en exclamación, hizo que el sujeto pensara que Oso quería pelear con él, y así, víctima del temor por ver a un sujeto ebrio frente a él, y a 7 más de padrinos, hicieron que tratara de calmarlo, sin lograr entender que su intención había sido darle a conocer el marcador del partido.
Ya en La Marina con Universitaria, los 8 formamos un gran círculo y empezamos a despedirnos “uno - uno”. Cada uno se marchó bajo la fría noche y las tenues luces que intentaban alumbrar la desierta avenida. 8 sujetos, 8 borrachos, 8 amigos se habían dicho "Adiós". Perdón, se habían dicho “Hablamos mañana mierda!
[1] Dícese del nuevo apodo de Juan Gabriel Panay Sobrevilla, autoproclamado en un primer momento como Lobo Viejo, pasando así, después de algunas jodas grupales, a ser Macho Alfa.
[2] Sustantivo que engloba toda la gama de tragos de dudosa procedencia y cuyo precio recomendado es de 5 soles. Aquí tenemos al XXX, Feeling, Punto G, Clímax, Thundercat, etc.
